No dejes para mañana lo que puedes procrastinar hoy

by Maria Fernanda Rey
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Probablemente procastinar es un término difícil de pronunciar pero hace un tiempo que está en el foco de interés de la ciencia.

En psicología procrastinar significa posponer o no hacer tareas, responsabilidades u obligaciones para dedicarse a otras actividades más triviales o que generan placer momentáneo… pero que son irrelevantes. En algunos casos, la procrastinación es la principal barrera que impide hacer un cambio positivo.  Por ejemplo, los procrastinadores crónicos tienen más posibilidades de ser sedentarios, ya que siempre posponen la actividad física para otro día o pueden ser aquellos que rompen las dietas por dejarse tentar por algo inmediato.

El alivio temporal que se siente al procrastinar es lo que realmente hace muy vicioso el círculo. En el presente inmediato, suspender una tarea u objetivo brinda alivio… y el conductismo básico nos ha enseñado que cuando somos recompensados por algo, tendemos a hacerlo de nuevo. Esta es una de las razones por la que la procrastinación no es un comportamiento de una vez, sino un círculo, uno que fácilmente se convierte en un hábito crónico.

Podríamos decir que existen dos tipos de procrastinadores: los procrastinadores eventuales, cuya actitud evasiva no se repite habitualmente y, el más preocupante, los procrastinadores crónicos, cuya conducta evasiva es constante y repetida en el tiempo. Son los que comúnmente tienen más “conductas adictivas”  por ejemplo usar excesivamente el teléfono celular (principalmente en las redes sociales) o el llamado “síndrome del estudiante“, el hecho de que muchos estudiantes pospongan la entrega de sus trabajos hasta el último minuto del día de la fecha límite o el estudio hasta el día antes del examen (en muchos casos los estuidantes abandonan sus estudios por bajo rendimiento académico).

 

¿Qué hacer entonces? Las cuatro preguntas para pensar

 

Como parte de su doctorado en la Universidad Griffith en Australia, Jason Wessel desarrolló cuatro preguntas simples, que se centran en las raíces psicológicas del problema e invitan a considerar lo siguiente:

 

  • ¿Cómo lograría una persona exitosa completar la meta?
  • ¿Cómo te sentirías si no haces la tarea que se requiere?
  • ¿Cuál es el paso siguiente inmediato que necesitas hacer?
  • Si pudieras hacer una cosa para cumplir con tu objetivo a tiempo, ¿cuál seria?

 

Conclusión

 

La procrastinación en general es un problema de autorregulación de las emociones y de organización del tiempo. Su posible solución consistiría, entre otras cosas, en lograr una adecuada organización del tiempo, concentrándose en realizar las tareas importantes que tienen un plazo de finalización más cercano. Quien pospone o procrastina una decisión, por no sentirse preparado —esperando que todo se resuelva por sí solo— suele decir que lo hará después «en cuanto tenga tiempo», con lo que está presentando, en el fondo, una conducta evasiva.

Como bien decía el español Mago More, “poné fuerza de voluntad en aquello que no te guste hacer, porque lo que te gusta hacer no requiere de mayor esfuerzo”.

*Artículo escrito por Federico Lande (Psicólogo, coordinador del Área de Psicología del Deporte y la Actividad Física del Colegio de Psicólogos de Rosario, y el creador de 7000 pasos.)

 

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